Parada, fumando un cigarrillo en la noche, fuera de un negocio, ya que compraría galletas.Entre el límite de la luz y la sombra, siempre corren autos, buses, camiones, qué sabe quién, miro y recuerdo aquel lugar tétrico y peligroso para todo tipo de forastero que no conociera las reglas de supervivencia de ese lugar, donde estratégicamente se albergan los más valientes defendiendo una animita de un viejo delincuente muerto alí, ya que hoy, son ellos los fantasmas sombríos habitando en la noche ese lugar, algunos caminando con las manos en los bolsillos, esperando algo, cómo espectadores de usar con alguien sus cuchillas y golpes, reduciendo, a tal punto de extinguir la vida de un extraño y, a la vez, consumiendo la sangre de Cristo en sus cajas y botellas, ordenando un crimen o sólo fumar un papel, pero siempre ahí, en ese lugar, lleno de historias, los mismos y sus hijos, cargando en sus espaldas y sesos una tradición marginal, en un callejón que rodea la muerte.Apago el cigarrillo.
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