viernes, 28 de marzo de 2014

Dos cuentos breves

En su propia trampa




Me gustó su poleron rojo, se veía rico. Le acentaba ese jokey. Sus ojos me mataron, ya que siempre caigo rendida a sus pies, aguantando sus desfachateces... Pero no importa, al final, algún día tendrá que retractarse de sus malos tratos  en su propia tumbra, perdón!, trampa.





¡No te entiendo, no te entiendo!



No entiendo porqué me golpeaste en la calle y entre medio de tanta gente, si no he hecho nada para que te enfades tanto, o acaso es otro de tus trucos para manipular y seguir probando? Si quieres lograr aislarme de tí, puedo decir a mi favor que huelo a ruda. Me recuerdas a ese instante planificado por tí. Parece que no te gusta  que te lleven la contraria y por mi lado no necesito un dramon para seguir viviendo, pero no te gusta la transparencia ni que te digan la verdad, aunque todos tenemos nuestra cuota de orgullo y traumas, que una más o una menos, que más da, si ya sé que quieres alejarme porque según tu no soy ninguna maravilla, además de ser mediocre, pero temes mirarme a los ojos y directamente a la frente, ya que mejor que nadie sabe quienes somos tu y yo, pero en el fondo no te obligo a nada, sólo te había pedido humanamente a que ejerzamos la razón que nos une pero que tampoco nos amarra, pero siento tus prejuicios y dudas, haciéndome creer de que soy la culpable de algo que tu has hecho sin preguntar si quiero o no, que dejo a tu conciencia mi libre esperanza, sigo mi rumbo y si tu quieres sé parte de ello.

1 comentario: