Mirándome al espejo, maquillándome, sonrío en mi misma con ese aire infernal, con la carcajada sensual en busca de su víctima. Me cruzo de piernas y pensando como gata en celo me muerdo los labios por tan solo pensar en eso...Sonrío para mi y el pecho se me pone blando, me miro al espejo y huelo al peligro, aunque me gusta ésta sensación de juventud. Nuevamente en el espejo y encuentro a mi yo encandilada y totalmente hermosa, lista para matar de infartos a las ratas viejas, a escuchar piropos obreros y miradas penetrantes, hasta casi indecentes, pero tengo mi artimaña, mi pestañeo peligroso, caminada de gata y un par de tetas que se esconden sarcásticamente muchas cosas. Porque alguna vez quise ser monja o la mujer más puta del barrio.
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